Rol Único de Vándalos: Kast Tigre de Papel.
El siguiente artículo, está extraído de la editorial de la segunda edición de nuestro boletín "Nueva Cultura", un texto de agitación política frente al proyecto de ley "Rol Único de Vándalos" (RUV).
Caracterizamos a Kast y a los defensores de esta agenda represiva como lo que son: "tigres de papel". Esto significa que, aunque exhiban una apariencia feroz a través del aparato policial y del viejo Estado contrainsurgente, estratégicamente son débiles y vulnerables porque carecen por completo de base social y del respaldo de las amplias masas. Su debilidad es tal que ahora pretenden amenazarnos con la privación de derechos sociales, operando bajo la ridícula lógica patronal de que la salud o la educación son "premios a la buena conducta". Le recordamos a la burguesía que esos derechos no son un regalo de su administración, sino conquistas históricas arrancadas con la lucha de las masas.
A pesar de las críticas a otras posiciones respecto a la arremetida de la clase enemiga (que sostenemos en dicha editorial y que seguimos sosteniendo), nuestra propuesta política rechaza el sectarismo y exige articular un Frente Único Cultural. Reconocemos las legítimas diferencias ideológicas con organizaciones culturales hermanas, que se movilizan desde un antifascismo amplio o la resistencia cultural.
En consecuencia, planteamos que la contradicción principal hoy nos obliga a golpear al enemigo con unidad en la acción,
y coordinar dicha acción con todas las fuerzas democráticas-populares y revolucionarias, en el campo del arte y la cultura de clase.
“De nuevo descubrieron al enemigo.
No es el gran empresariado que lucra con la miseria y la explotación de las y los trabajadores. No es el gobierno que administra el hambre con discurso pomposo. No. El peligro son los populares que ocupan spray y rodillo.
Hay que agradecer la sinceridad.
Porque cuando el viejo Estado apunta con tanta precisión hacia abajo, deja claro a quién sirve. Y cuando anuncia registros, persecución y hasta la privación de derechos sociales para los llamados vándalos, está cumpliendo su función.
Aquí no hay confusión posible. La pintura en el muro no es el problema. El problema es que hay gente que no pide permiso para existir en el espacio que le fue negado. Que no compra su derecho a expresarse. Que no se inscribe en sus registros.
Y eso, en una sociedad de clases, no se perdona.
Por eso el castigo no se queda en la multa. Avanza hacia la marca, hacia la exclusión, hacia la amenaza de quitar derechos. Como si esos derechos no fueran producto de la lucha, sino favores que se pueden retirar cuando el pueblo deja de comportarse.
Ahí está el fondo del asunto.
Y, dicho sea de paso, también queda claro, que cuando el poder necesita tanto ruido para enfrentar a un par de muros pintados, no se ve muy sólido que digamos.
Se ve como lo que es.
Un tigre de papel.
Ahora bien, mientras desde arriba amenazan, desde abajo a veces nos enredamos solos.
Aparece la carrera por demostrar que el graffiti sí es arte, que tiene valor, que merece espacios, que puede convivir perfectamente con el orden existente si se le da una oportunidad.
En pocas palabras; pedir permiso.
Y ahí es donde hay que hacer un alto.
No para atacar, sino para decirlo de frente entre quienes estamos en esto, porque cuando el arte popular empieza a justificarse ante el viejo poder, ya empezó a ceder terreno. Cuando necesita su reconocimiento, empieza a moverse dentro de sus límites.
Y esos límites no están hechos para nosotros,
porque el arte del pueblo no nació para ser validado por la burguesía.
Nació en contra de ella.
Si para la burguesía el arte callejero, el arte popular, el arte combativo es un delito… pues entonces que lo sea.
¡Y con orgullo!
Porque si nos declaran delito, es porque no nos pudieron convertir en mercancía ni en adorno en sus galerías de tradición aristocrática, entonces algo estaremos haciendo bien.
En una sociedad dividida en clases, también el arte toma partido. Aunque algunos prefieran no decirlo, aunque otros intenten maquillarlo, aunque más de alguno sueñe con que lo inviten a la galería correcta.
O estás con el pueblo, o estás en su contra.
No hay tercera vía.
Entonces, frente a la arremetida del viejo Estado, la respuesta no es pedir espacios ni mejores condiciones para ser aceptados.
La respuesta es organizarnos.
Pero no como artistas buscando reconocimiento, sino como parte del pueblo trabajador. Con una práctica consciente, con dirección y contenido de clase.
Porque al final del día, lo que está en juego no es el derecho a pintar tranquilo.
Es quién define la ciudad, quién define la cultura y, en última instancia, quién manda en la calle.
Y en esa disputa, por más leyes, registros y amenazas que anuncien…
Siguen siendo un tigre de papel”.
Colectivo HipHop Rebelde.
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