Proyecto INIA–FAO impulsa en Ñuble evaluación de variedades de poroto con foco en tolerancia a sequía
Más de 30 productores
evaluaron en terreno nueve variedades que están siendo evaluadas en su
adaptabilidad a menor disponibilidad hídrica, integrando ciencia y experiencia de
campo. La actividad formó parte de un proyecto INIA–FAO orientado a
reintroducir materiales más resilientes al déficit hídrico y fortalecer la
seguridad alimentaria en el secano interior.
Una activa participación tuvieron,
en la comuna de San Ignacio, los integrantes de los programas Prodesal de San
Ignacio, Chillán y Ñiquén —además de un grupo de la fundación Prodemu— al
taller y día de campo “Selección participativa de variedades de poroto”.
La jornada se enmarcó en el
proyecto “Identificación y reintroducción de recursos genéticos de legumbres
con tolerancia a sequía y enfermedades que contribuyan a la seguridad
alimentaria y adaptabilidad al cambio climático en la agricultura familiar
campesina del secano interior de Chile”, financiado por la Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y ejecutado por
INIA Quilamapu.
La actividad se realizó en el
predio del productor Ociel Baeza, donde investigadores de INIA establecieron un
ensayo para comparar el comportamiento agronómico de nueve variedades de
poroto: Bayote, Pinto, NN-Boloto, Contulmo, Arroz, Rubí, Pajarito, Jaspeado y
Zorzal-INIA. A todas ellas se les evalúan las condiciones de tolerancia a
condiciones de menor disponibilidad de agua.
Los asistentes escogieron las
variedades más atractivas, considerando tres atributos que consideraban
importantes: alta carga de la planta, buen color de vaina y precocidad, explicó
la coordinadora del proyecto, Marilin Carrasco.
Posteriormente, en dependencias
del Prodesal de la comuna, el coordinador general del proyecto y curador del Banco
de Recursos Genéticos Vegetales de INIA, Gerardo Tapia, presentó los resultados
de los ensayos realizados la temporada anterior.
Quedó en evidencia que, en la
comuna de Ñiquén, en el valle central de Ñuble, la variedad Zorzal —la más
sembrada en Chile, con cerca del 85 % de la superficie nacional— alcanzó el
mayor rendimiento promedio, con 63,8 quintales por hectárea. Le siguieron
Pajarito (56,6 qq/ha), Pinto (56,2 qq/ha) y Arroz (56 qq/ha), mientras que Rubí
registró el menor rendimiento (23,8 qq/ha).
En San Ignacio, en cambio, la
variedad Pinto obtuvo el mejor desempeño con 58,5 qq/ha, seguida por Arroz (55
qq/ha), Zorzal (49,7 qq/ha) y Pajarito (45,2 qq/ha). La menor productividad
correspondió a Jaspeado (26,7 qq/ha).
Estos resultados, según indicaron
los profesionales de INIA, refuerzan la importancia de validar materiales en
condiciones locales, especialmente frente al escenario de cambio climático y escasez
hídrica.
Patrimonio genético y
agricultura familiar
Uno de los aspectos destacados por
los agricultores fue la procedencia de las semillas utilizadas. Al respecto, Marilin
Carrasco destacó que el 80 % de las variedades evaluadas proviene del Banco de
Recursos Genéticos Vegetales de INIA Quilamapu, encargado de resguardar parte
del germoplasma nacional de porotos, el que ha sido obtenido mediante procesos
de colecta e intercambio con agricultores del país. El resto del material
analizado fue aportado por los propios productores, fortaleciendo el enfoque
colaborativo del proyecto.
Necesidad de mejorar comercialización
El taller también abordó el
componente comercial, considerado fundamental para la sostenibilidad del rubro.
En este ámbito, los profesionales Ana Care y Víctor Salazar del Centro de
Negocios de Sercotec Chillán presentaron alternativas de apoyo a los
productores, entre las que destacaron Capital Semilla, Capital Abeja y la
posibilidad de conformar asociaciones por acciones, además de orientar sobre
las principales barreras que enfrentan los pequeños productores al insertarse
en el mercado.
“La idea era presentarles
opciones a los agricultores para darles a conocer las herramientas y apoyos
para la comercialización de sus productos”, señaló Marilin Carrasco, quien
también subrayó la relevancia de que conocieran las trabas a las que se
enfrentan al momento de vender.
En Chile, la superficie sembrada
con porotos alcanza cerca de 13 mil hectáreas. De ellas, aproximadamente 2 mil
se concentran en la Región de Ñuble, la segunda a nivel nacional después del
Maule, principalmente en el valle central y la zona precordillerana. Para la
agricultura familiar campesina, este cultivo representa una alternativa
productiva estratégica tanto por su valor alimentario como comercial.



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