Cada 2 de febrero es el Día Mundial de la Humedales, una jornada conmemorativa que, para muchos, pasa desapercibida. Los humedales, lejos de ser “tierras pantanosas” o espacios baldíos improductivos, estos ecosistemas son pilares invisibles de nuestra supervivencia: son fuentes de vida, empleos, ingresos y servicios ecosistémicos esenciales.
¿Por qué nos importa? No es “romanticismo ambiental”, es conciencia de la realidad. Los humedales –ya sean manglares, turberas, marismas o lagunas– cumplen funciones clave para la vida, que ninguna tecnología humana ha logrado replicar con la misma eficiencia. Los humedales son vitales para los seres humanos, para otros ecosistemas y para el clima, proporcionando servicios ecosistémicos esenciales como la regulación del agua, incluyendo el control de las inundaciones y la purificación del agua.
Los humedales son ecosistemas en los cuales el agua es el principal factor que controla el entorno y la vida vegetal y animal asociada al mismo. Representan uno de los ecosistemas más valiosos de la Tierra, indispensables para los seres humanos y la naturaleza por los beneficios y servicios que proporcionan.
En primer lugar, son “esponjas naturales”, que actúan como amortiguadores ante sequías e inundaciones: un servicio vital en plena crisis climática. Asimismo, son filtros de agua, que la purifican eliminando contaminantes, funcionando como los “riñones” de la Tierra. Y son depósitos de carbono: las turberas, por ejemplo, almacenan el doble de carbono que todos los bosques del mundo juntos.
A pesar de que sólo cubren alrededor de 6% de la superficie terrestre, son el hábitat del 40% de todas las especies de plantas y animales. Su diversidad biológica es crucial para la salud humana, el suministro de alimentos, el transporte y las actividades económicas que generan empleo, como la pesca y el turismo.
El gran enemigo de estos santuarios ha sido históricamente una visión de “progreso” mal entendida, que se ha extendido resultado del negacionismo del cambio climático, carente de todo asidero científico, o de la falsa noción ideológica de que el progreso económico y la preservación del medio ambiente son contradictorios.
Por décadas, hemos drenado y rellenado humedales para construir complejos inmobiliarios o expandir la agricultura intensiva. Se estima que, desde 1970, hemos perdido el 35% de los humedales a nivel global, un ritmo tres veces superior a la pérdida de los bosques. Esta destrucción constituye una miopía peligrosa.
Los humedales son unos de los ecosistemas que sufren un mayor nivel de deterioro, pérdida y degradación, y se prevé que esta tendencia negativa continúe como consecuencia del rápido crecimiento de la población, la producción y el consumo insostenible, el desarrollo tecnológico y el cambio climático.
Entre las actividades humanas que provocan la pérdida de humedales están el drenaje y relleno para usarlos para agricultura y construcción, la contaminación, la pesca excesiva y la sobreexplotación de recursos, las especies invasoras y el cambio climático.
La celebración de este año no puede quedarse en un posteo en redes sociales. Necesitamos pasar de la conservación pasiva (mirar cómo mueren) a la restauración activa. Esto implica la promoción de políticas públicas consistentes: es decir, leyes de humedales con “dientes” que penalicen el relleno ilegal. Ello debe articularse con educación comunitaria y con una inversión en Inversión en Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN). De hecho, tiene un menor costo proteger un manglar que construir un muro de concreto contra el aumento del nivel del mar.
Cuidar los humedales no es una opción de “fanáticos ecologistas”. Es la póliza de seguro más económica y efectiva que tenemos contra la incertidumbre climática. Este 2 de febrero, la pregunta no es qué estamos haciendo por los humedales, sino qué dejaremos de hacer si permitimos que desaparezcan.
La celebración anual el 2 de febrero conmemora la firma del Convenio de Ramsar en 1971. La primera celebración tuvo lugar en 1997 y fue proclamada como Día Internacional por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2021. Esta fecha ha servido para enfocar la atención en la importancia de los humedales, tanto para la biodiversidad y como refugio de la vida silvestre, como para bienestar humano. Se resaltan aspectos clave como la regulación del ciclo del agua, el control de inundaciones y sequías, la provisión de agua dulce, y el apoyo a actividades económicas, incluyendo turismo y pesca.
En este nuevo Día Mundial de los Humedales, reafirmemos el compromiso con su defensa y preservación.
Imagen principal: Naciones Unidas.
Por Mónica Sánchez Aceituno. La autora es administradora pública y vicepresidenta nacional de la Federación Regionalista Social.
Publicado por Crónica Digital.

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