“El aumento de las temperaturas en primavera puede favorecer sistemas frontales más difíciles de predecir con precisión, episodios de tormentas eléctricas y lluvias que alcancen sectores cada vez más altos de la cordillera, donde todavía permanece parte de la nieve acumulada durante los meses anteriores”. Así lo explicó la investigadora Lucía Scaff, del Departamento de Geofísica de la Universidad de Concepción, quien señaló que el otoño y la primavera son períodos de transición en los que los sistemas meteorológicos pueden presentar mayor variabilidad.
Uno de los aspectos relevantes durante este período es la
altura de la isoterma cero, es decir, el nivel de la atmósfera donde la
temperatura alcanza los 0 °C y que permite tener una referencia sobre la altura
a partir de la cual la precipitación empieza a caer en forma de nieve. Una
isoterma cero elevada, debido al alza de temperaturas, significa que puede
llover en sectores cordilleranos donde durante el invierno normalmente nieva.
Este proceso puede aumentar los caudales y acelerar el
escurrimiento, especialmente en valles estrechos, cauces y laderas de fuerte
pendiente. Al mismo tiempo, reduce el manto de nieve que funciona como una
reserva natural de agua para los meses de primavera y verano.
La temperatura también puede influir en las características
de las tormentas. El sistema que afectó el 19 de septiembre a Concepción, por
ejemplo, estuvo asociado a condiciones cálidas y presentó actividad eléctrica,
además de un período de precipitación particularmente intensa durante la noche.
Este escenario se desarrolla además bajo la influencia de El
Niño. Según dijo la Dra. Scaff, “al menos el comienzo de la primavera se
observa activo en términos de precipitaciones y esta condición está relacionada
con la presencia de este fenómeno climático”. La investigadora explicó que El
Niño ha contribuido al aumento de las lluvias y también a recuperar parte de la
acumulación de nieve que presentaba un déficit importante hasta fines de junio.
La evolución de El Niño será además importante durante los
próximos meses. La Dra. Scaff explicó que el fenómeno alcanza su máximo hacia
el verano, entre diciembre y enero, período durante el cual continúa aumentando
la temperatura del océano y sus efectos se transmiten a la atmósfera y
posteriormente hacia el territorio chileno. “En términos generales, su
influencia puede favorecer mayores precipitaciones durante invierno y primavera
en la zona centro-sur, mientras que hacia el verano podrían presentarse
períodos con temperaturas superiores a lo normal”.
La ciencia aún no entiende completamente estos fenómenos
climáticos y meteorológicos, por lo que es un área de investigación fundamental
en el Departamento de Geofísica en la Universidad de Concepción, donde además
se imparte la titulación de Meteorología.

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