DÍA NACIONAL DEL VINO: EL ITATA DEBE Y PUEDE TRANSFORMAR SU PATRIMONIO EN RIQUEZA Y DESARROLLO COMPETITIVO.
Por Luis Antonio Arriagada Vallejos Médico Veterinario, Magíster en
Gestión Ambiental, Diplomado en Desarrollo Económico Local
Este 5 de septiembre, cuando Chile conmemora el Día Nacional del Vino,
Ñuble tiene razones especiales para celebrar. Pero también es un buen momento
para retomar la pregunta ¿qué queremos hacer con uno de los patrimonios
productivos, culturales y territoriales más importantes que posee nuestra
región?.
Para contestar esto en febrero organizamos el seminario “Itata en
Movimiento”, allí planteamos una tesis que entonces parecía ambiciosa:
el Valle del Itata está en condiciones de pasar de los esfuerzos individuales
hacia una estrategia organizada de encadenamiento productivo, asociatividad,
diferenciación y comercialización internacional de sus vinos patrimoniales. No
fue una conversación entre unos pocos ya que el encuentro reunió a más de 120
personas de diferentes ámbitos de la cadena productiva, de ellos más de 70 eran
directamente productores vitivinícolas. Como expositores principales se
subieron al escenario 6 organizaciones representativas de viñateros; el
presidente de la Asociación de Viñateros del Itata, el presidente de la Asociación
de Enoturismo, El presidente de la cooperativa COVINCEN, La presidenta de la
Cooperativa Las Únicas, El presidente de la cooperativa MOSIN y el
representante de la Cooperativa Cepas Ancestrales y secretario del Consejo
Asesor del Seremi de Agricultura y plantearon sus puntos de vista. Fue
precisamente esa diversidad y disposición la que permitió comprender que el
futuro del Itata debía construirse colectivamente y nosotros; el Gobernador Regional,
los equipos de INDAP, El ex Seremia de Agricultura y Cepal, propusimos avanzar mediante
una consultoría especializada en procesos asociativos exitosos de otras
latitudes del mundo.
El informe final del seminario-taller Itata en Movimiento
mostró que existe una amplia convergencia hacia una asociatividad superior tipo
clúster; que el objetivo debe ser rentabilidad y no solamente visibilidad; que
Itata debe competir por valor y no por volumen; que el patrimonio y sus
“terroir” constituyen la base de la diferenciación; y la gobernanza debe
integrar los distintos segmentos y actores del sistema.
Seis meses después, la consultoría desarrollada con apoyo de la CEPAL
para proponer una nueva estructura de gobernanza se aproxima a su etapa final. Aunque
no conozco los resultados creo que podrían sentar las bases del futuro “Clúster
Vitivinícola del Valle del Itata”. Sin duda, es una enorme oportunidad,
pero antes de discutir nombres, cargos financiamiento o estructuras, considero
indispensable responder una pregunta: ¿A quién debe representar el
Clúster Vitivinícola del Valle del Itata?
EL PATRIMONIO QUE JUSTIFICA LA ORGANIZACIÓN EN CLÚSTER
Para responderla debemos reconocer dónde está nuestra ventaja
competitiva. Los antecedentes disponibles muestran una magnitud extraordinaria
de patrimonio vitícola del valle Itata. Históricamente, el valle registra
aproximadamente 3.800 hectáreas de Moscatel de Alejandría, más de 3.200
hectáreas de País y alrededor de 800 hectáreas de Cinsault. Solo estas tres
variedades representan del orden de 8.000 hectáreas de viñedos patrimoniales,
a las que se agregan otras variedades tradicionales de menor superficie.
No estamos hablando simplemente de hectáreas plantadas, sino de
viñateros y viñedos antiguos; sistemas tradicionales de conducción en cabeza;
producción de secano; en lomajes; cepas que forman parte de nuestra historia;
conocimientos acumulados durante generaciones y familias que han conservado
este patrimonio enfrentando crisis económicas, sequías, incendios y enormes
transformaciones de la industria.
Ese activo no pertenece a una veintena de empresas, sino que al territorio
del Valle del Itata y ha sido construido y preservado por generaciones de
viñateros.
En su inclusión radica, precisamente, la legitimidad sobre la cual debe
levantarse cualquier institucionalidad que pretenda representarlo.
Sobre esta cuestión el Seminario de febrero fue explicito, los
participantes señalaron que las ideas debían surgir de los propios
beneficiarios y que la estructura debía integrar asociaciones gremiales,
cooperativas, empresas campesinas y otros actores, articulando las distintas
realidades de la cadena. El informe fue aún más claro al establecer como factor
de éxito la “participación desde la base”, señalando que son los propios
productores los que deben liderar la construcción de soluciones pertinentes a sus
problemáticas.
UNA CRISIS MUNDIAL QUE PARA EL ITATA PUEDE SER UNA OPORTUNIDAD
El inicio de este año marca una fuerte contracción del mercado
internacional del vino, todo indica que no estamos frente a una fluctuación
coyuntural, sino ante un cambio estructural en los patrones de consumo que enfrenta
una disminución global. Las viñas que han abrazado el modelo basado en producir
grandes volúmenes y vinos genéricos hoy encuentran crecientes dificultades para
mantense con números azules. Pero dentro de esa crisis aparece una oportunidad.
Mientras disminuye el consumo masivo, existe un consumidor que busca
diferenciación: vinos con identidad, procedencia conocida, mínima intervención,
sustentabilidad, cepas antiguas y una historia auténtica detrás de cada
botella.
Y pocas zonas vitivinícolas pueden ofrecer esa combinación como el Valle
del Itata.
Los viñateros del valle saben que cometería un error estratégico si
intentara competir solo por volumen y precio. Nuestra ventaja está en la
diferenciación.
País, Cinsault, Moscatel de Alejandría, viñedos antiguos, de secano, con
paisaje y cultura campesina de pequeñas producciones y “terroirs” diferentes
constituyen una propuesta que difícilmente puede reproducirse industrialmente
en otra parte del país y del mundo.
YA EXISTEN SEÑALES DE QUE EL NUEVO MODELO PUEDE FUNCIONAR
Los resultados comerciales comienzan a demostrarlo. El catastro
regional de empresas exportadoras aumentó de 23 a 32 viñas,
aproximadamente el 99% micro, pequeñas y medianas empresas.
Los vinos del Itata están llegando a más de 29 mercados
internacionales, generando retornos superiores a US$2,6 millones FOB,
con presencia en América del Norte, Europa, países nórdicos y Asia.
Los productores avanzan hacia un objetivo todavía más importante:
elaborar, etiquetar y comercializar directamente sus vinos, construyendo
relaciones comerciales propias y disminuyendo progresivamente la dependencia de
intermediarios o cualquier otro agente externo al valle. Son cifras pequeñas
comparadas con las grandes empresas vitivinícolas chilenas, solo hacer esa comparación
llevaría a conclusiones equivocada.
Itata no necesita competir por volumen. Necesita competir por valor
y calidad.
¿QUIÉN PRODUCE EL VALOR Y QUIÉN LO CAPTURA?
Durante demasiado tiempo las regiones hemos producido materias primas
que posteriormente son transformadas, comercializadas y valorizadas fuera de
nuestros territorios. Ese es uno de los problemas estructurales de
competitividad que enfrenta Ñuble y el valle del Itata lo conocen muy bien y lo
sufren hasta hoy.
Una región no se desarrolla solamente porque produzca más. Se
desarrolla cuando logra transformar sus recursos, incorporar conocimiento e
innovación, construir empresas, desarrollar marcas, comercializar directamente,
acceder a mercados internacionales y conseguir que una proporción creciente del
valor generado permanezca y se reinvierta en el territorio.
Precisamente por eso la discusión sobre el futuro Clúster Vitivinícola
es mucho más importante de lo que parece. No estamos opinando de una
organización sectorial.
Estamos decidiendo cómo se organizará una cadena de valor y quiénes
participarán de la riqueza que ella puede generar.
El propio seminario resumió este desafío en una frase particularmente
certera: debemos pasar de la “visibilidad” del Itata a la “rentabilidad real”
del productor.
UN CLÚSTER NO PUEDE CONFUNDIRSE CON UN CLUB DE EXPORTADORES
Las empresas que actualmente exportan vinos del Itata son
fundamentales. Han abierto mercados, asumido riesgos, construido marcas y
demostrado que nuestros vinos pueden competir internacionalmente. Deben estar
en el futuro clúster.
Pero exportar no puede transformarse en el requisito que determine
quién tiene derecho a participar en la construcción de la gobernanza del Valle
del Itata. Si así ocurriera, cometeríamos un profundo error conceptual. Un
clúster no es un gremio de exportadores y sino un ecosistema donde se articulan
empresas, academia y Estado, ósea es una articulación territorial de
actores interdependientes que participan directa o indirectamente en una cadena
de valor.
El ecosistema del Itata comienza mucho antes de la botella que llega a
Nueva York, Estocolmo, Ciudad de México o Shanghái. Comienza en el viñatero que
conserva una hectárea de País. Con la familia que durante generaciones mantuvo
una parra de Moscatel. Con quienes trabajan el secano y los lomajes.
Continúa en cooperativas y organizaciones de productores, bodegas,
pequeñas y medianas viñas, enólogos, proveedores, comercializadores y
exportadores. Y se proyecta hacia universidades, investigación, innovación,
gastronomía, cultura, patrimonio, enoturismo y ecoturismo. Todos forman
parte del sistema que queremos transformar.



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