A maternar – cuidar, criar y proteger con amor- se aprende en lo cotidiano a partir de la propia historia, de lo vivido como hija o hijo, de las experiencias de buen trato o de aquellas que no lo fueron, del contexto social y cultural, y también de las características y necesidades particulares de cada niña o niño. En este proceso no siempre hay certezas y muchas veces se transita con escasas redes de apoyo.
Desde una mirada centrada en el vínculo, en las interacciones cotidianas, niñas y niños van construyendo una base de seguridad que les permite explorar el mundo y relacionarse con otros. Esta base no depende de respuestas siempre acertadas, sino de la disponibilidad del adulto, de su capacidad de responder de manera sensible y de reparar cuando es necesario. En esos gestos cotidianos se va configurando el apego.
En este contexto, las competencias parentales se desarrollan y fortalecen con la experiencia. Son formas de cuidar, proteger y acompañar que permiten a niñas y niños sentirse seguros, comprendidos y contenidos. Se expresan en la capacidad de acoger lo que sienten, ofrecer calma en momentos de desborde, guiar el aprendizaje y promover la autonomía, estableciendo límites desde el respeto y resguardando su bienestar físico y emocional. Asimismo, implican abrir espacios para que madres, padres y cuidadores reflexionen sobre su propio actuar y la influencia de su historia en la forma de criar.
En este proceso,
el autocuidado también es clave. Sostener a otros requiere también poder
sostenerse a uno mismo. Reconocer los propios límites, necesidades y recursos
es parte de una parentalidad disponible y sensible, especialmente en contextos
donde las exigencias son altas.
La crianza no es
un acto individual. Se construye en vínculo con otros y se sostiene en redes
familiares, comunitarias e institucionales que pueden marcar una diferencia en
el bienestar de quienes cuidan y en el de niñas y niños.
Desde una mirada de crianza respetuosa, el foco está en reconocer a niñas y niños como sujetos de derechos, con necesidades propias y con una voz que merece ser escuchada. Esto implica acompañar sin imponer, guiar sin anular y establecer límites sin dañar. No se trata de hacerlo perfecto, sino de construir relaciones basadas en el respeto, la empatía y la coherencia.
En este Día de la Madre, el reconocimiento es para todas las formas de maternar: las visibles y las invisibles, las acompañadas y las que han debido sostenerse en soledad, las que transitan con mayor facilidad y aquellas que enfrentan más desafíos. Maternar no es un camino fácil ni lineal, sino un proceso profundamente significativo, hecho de intentos, aprendizajes y encuentros cotidianos donde se va tejiendo el vínculo.
En ese espacio imperfecto y desafiante, incluso en medio de las dudas, se construyen las bases desde las cuales niñas y niños aprenderán a sentirse seguros y a relacionarse con el mundo.
En ese camino,
contar con orientación y apoyo puede marcar una diferencia significativa. Si necesitas
orientación en temas de crianza, puedes contactar a Fonoinfancia, un programa
de asesoría psicológica especializada en crianza respetuosa, no presencial,
gratuito y de cobertura nacional, con más de 25 años de funcionamiento. Es atendido por un equipo de psicólogas y
psicólogos disponibles de lunes a viernes de 8:30 a 19:00 horas, a través del
teléfono 800 200 818 o ingresando a www.fonoinfancia.cl.
Carolina Diez Pastene
Psicóloga supervisora del Programa
Fonoinfancia de Fundación Integra
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