"El capital es trabajo muerto que sólo se reanima, a la manera de un vampiro, al chupar trabajo vivo, y que vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupa" (Karl Marx)
Por estos días, el gobierno de Javier Milei impulsa una reforma laboral que ha sido presentada como una modernización del mercado de trabajo argentino. Sin embargo, lo que se observa no es una simple actualización normativa, sino la agudización de la ofensiva del capital sobre el trabajo.
1-La flexibilización como aumento de la explotación
Toda reforma laboral debe analizarse a partir de una pregunta esencial: ¿modifica la correlación de fuerzas entre capital y trabajo?
La ampliación de jornadas, la reducción de costos de despido, la relativización del pago de horas extra y la promoción de modalidades contractuales más flexibles, son una batería de medidas que apuntan principalmente; a incrementar la extracción de plusvalía, reducir el poder de negociación colectiva, y abaratar la fuerza de trabajo.
Si los despidos se simplifican con mayor facilidad, el miedo se convierte en herramienta de control patronal. Cuando las jornadas se flexibilizan, la intensidad del trabajo aumenta. Cuando la indemnización pierde peso, el capital aumenta su margen de ganancia. La supuesta modernización, en este sentido, es una forma contemporánea de intensificación de la explotación dentro del patrón de acumulación actual.
2-Fragmentación del proletariado y trabajadores de plataformas
Uno de los núcleos de la reforma es la consolidación de figuras como el de "trabajador independiente" en sectores como el reparto y el transporte por aplicaciones. Desde el discurso liberal, esto es libertad contractual. Desde la crítica clasista, es externalización del riesgo empresarial. El trabajador es quien asume costos, incertidumbre y desprotección, mientras la empresa conserva el control tecnológico y la renta. La consecuencia política es la fragmentación del proletariado urbano, debilitamiento de la organización sindical y atomización de la conciencia de clase.
3-Restricciones al derecho a huelga
Otra dimensión relevante es la regulación del derecho a huelga. Mantener formalmente el derecho mientras se establecen niveles obligatorios de funcionamiento en amplios sectores estratégicos equivale a limitar su eficacia material. La vieja táctica de la patronal no es suprimir el derecho, sino vaciarlo de capacidad disruptiva y movilizadora. En términos de lucha de clases, esto significa reducir la herramienta fundamental del proletariado para presionar al capital. La huelga pierde impacto, la negociación se debilita y el equilibrio se inclina hacia el empresariado.
4-Crisis, dependencia y recomposición del capital
Argentina atraviesa una crisis prolongada que viene de hace muchos años atrás. Inflación, endeudamiento, presión del capital financiero internacional y caída del poder adquisitivo. En este contexto, la reforma laboral puede interpretarse como parte de una estrategia de recomposición de la tasa de ganancia. Cuando el capital enfrenta dificultades para sostener su rentabilidad, históricamente recurre a la reducción de derechos laborales, al ajuste del gasto público, y a transferir los costos de la crisis capitalista al trabajador. La reforma laboral es coherente con un programa de reestructuración en función del mercado que busca reposicionar al país como espacio atractivo para la inversión transnacional, incluso a costa de debilitar conquistas históricas del movimiento obrero argentino.
5- ¿Modernización o regresión?
El gobierno de Milei habla de dinamizar el empleo y reducir la informalidad. Sin embargo, la informalidad no es producto principal de "exceso de derechos", sino de una estructura capitalista dependiente, concentrada y burocrática. Sin transformación del modelo productivo, la flexibilización no elimina la precariedad, muy por el contrario; la profundiza. Cada retroceso en derechos laborales erosiona la capacidad organizativa de la clase trabajadora y consolida una correlación de fuerzas favorable al capital.
6-Conclusión
La reforma laboral impulsada por el gobierno de Milei no se puede concebir como una simple técnica legislativa. Es un capítulo de la lucha de clases en un contexto de crisis integral del capitalismo mundial en descomposición. Desde nuestra lectura, se trata de una ofensiva burguesa orientada a aumentar la explotación, reforzar el control patronal sobre la fuerza de trabajo, fragmentar a la clase trabajadora, y fortalecer la posición del capital, haciendo cargar la crisis sobre las espaldas de las familias trabajadoras. La historia demuestra que cada avance en la ofensiva patronal, genera, tarde o temprano, respuesta organizada de las y los trabajadores. La cuestión central no es solo qué artículos se modifican, sino qué grado de conciencia y organización alcanza la clase trabajadora frente a esta nueva etapa.
Asociación Intersindical de Trabajadoras y Trabajadores Clasistas – AIT
Chile, marzo 2026

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