Bloque de Organizaciones Populares
Chile, marzo 2026
Este 8 de marzo, un día de ventas en el mundo del retail, un día que se ha estereotipado por la publicidad que nos muestra mujeres felices con flores en la cabeza y en la mesa, con bolsas llenas de compras con carteras, perfumes y maquillaje. Pero al contrario, las mujeres pobres trabajadoras volvemos a casa igual de explotadas que el día anterior y quizás igual de cansadas llegaremos al día siguiente. Por eso el día de la mujer no es un día para celebrar, es un día de conmemoración, es un día para que podamos recordar a las mujeres trabajadoras que se atrevieron a levantarse cuando todo les decía que debían quedarse en silencio, con todo en contra, solo con su espíritu y su fuerza de mujer pobre.
En nuestra historia tenemos ejemplos de lucha y organización. A comienzos del siglo XX, en medio de la pobreza, la explotación y la miseria, la mujer obrera chilena empezó a organizarse. Trabajaba largas jornadas en fábricas, talleres y manufacturas por salarios que muchas veces eran la mitad de lo que recibían los hombres. Y al llegar a casa, la esperaba otra jornada: cocinar, lavar, criar, cuidar. Nadie llamaba a eso trabajo, pero era el trabajo que sostenía la vida y que al día de hoy lo sigue siendo.
Sin embargo, no se resignaron. Escribieron, se organizaron, discutieron, denunciaron. Levantaron su voz dentro del movimiento obrero y dijeron con claridad que no solo eran parte de la clase trabajadora: eran mujeres trabajadoras, y sobre ellas pesaba una doble explotación. Entendieron que la pobreza no era una condición individual, sino consecuencia de un sistema injusto. Y comenzaron a hablar de emancipación, de educación, de dignidad, de derechos, levantaron proyectos de educación popular y de prensa obrera para la mujer pobre que no leía las revistas que venían de la elite.
Esas mujeres no pidieron permiso para pensar. No pidieron permiso para organizarse. Abrieron un espacio donde no lo había. Se reconocieron como sujetos de lucha y dejaron una huella que no puede ser borrada. Por eso hoy las reivindicamos como las pioneras del feminismo de clase.
Pero esta historia no se quedó solo en los libros. La memoria no solo es recuerdo, la memoria es experiencia que se traspasa y que permite que hoy la mujer trabajadora siga sosteniendo el mundo. Hoy las mujeres, estamos presentes en todas las esferas que antes nos fueron privadas: la escuela, la universidad, el hospital, en la feria, en la fábrica, en la oficina y también en la casa, haciendo rendir el sueldo que no alcanza.
A pesar de esa apertura, seguimos enfrentando salarios más bajos, trabajos más precarios y una carga doméstica que continúa recayendo mayoritariamente sobre nuestros hombros de manera invisible y con la normalidad que el capitalismo le ha otorgado.
A pesar de los obstáculos, hoy seguimos siendo ejemplo de lucha: La vecina que organiza la olla común cuando el hambre avanza, la que levanta un comité de vivienda y golpea puertas exigiendo techo digno, la que pide salud digna y sin saltos en las listas para favorecer a los políticos de turno, la que sabe lo que significa vivir en campamentos, en casas hacinadas, en barrios abandonados por el Estado burgués que persigue a los pobres. En definitiva la vemos a diario en las mujeres que transforman la necesidad en organización y la rabia en lucha.
Este 8 de marzo, la mujer pobre ya no tiene miedo; tiene conciencia, conoce que su realidad no es casualidad. Sabe que el sistema la quiere trabajando el doble y ganando menos. Sabe que el patriarcado la quiere encerrada en el hogar, cargando sola con todo. Pero también sabe que cuando se organiza con otras, es capaz de cambiar la historia.
Por eso el 8 de marzo no es una fecha para flores ni saludos vacíos. Es un grito en contra del capital. Es un llamado a abandonar el rol impuesto, a romper el miedo, a salir del aislamiento. A entender que no estamos solas. Que nuestra fuerza es colectiva.
La mujer trabajadora tiene la fortaleza de quien ha resistido siempre. Tiene la experiencia de quien ha sostenido la vida en los peores momentos. Tiene la claridad de quien conoce la injusticia de cerca. Y cuando esa fuerza se organiza con conciencia de clase, se vuelve imparable y poderosa.
Hoy más que nunca necesitamos organización popular. Necesitamos articularnos, reencontrarnos para recomponer el tejido social con fuerza de mujer. No solo para resistir, sino para transformar la historia a nuestro favor.
Mujer Pobladora: Organízate
La Lucha es Ahora

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