A 55 años de la nacionalización del Cobre: Salvador Allende, soberanía y el nuevo desafío extractivista en Ñuble
Por Luis Antonio Arriagada Vallejos, Médico Veterinario| Magíster en Gestión Ambiental| Diplomado en Desarrollo Económico Local
Este sábado 11 de julio se conmemora un hito fundamental en nuestra
historia económica, política y social: se cumplen 55 años desde que el
Presidente Salvador Allende Gossens, contando con el respaldo unánime del
Congreso Nacional, promulgara la nacionalización de la gran minería del cobre.
Vaya en estas líneas un reconocimiento imperecedero a un líder consecuente, de
profunda vocación popular, quien con justa razón bautizó esta gesta histórica
como la "Segunda Independencia de Chile". Al nacionalizar el metal
rojo, Allende consagró un principio ético y soberano indiscutible: las riquezas
básicas de la nación pertenecen a su pueblo y deben estar estrictamente al
servicio de su bienestar, salud, educación y desarrollo.
![]() |
| Luis Antonio Arriagada Vallejos |
El camino recorrido desde aquel histórico 1971 hasta nuestros días
demuestra el valor estratégico e institucional de esa decisión. Codelco no solo
se convirtió en el principal productor de cobre del planeta, sino que ha sido
el sostén financiero del Estado, permitiendo la construcción de escuelas,
hospitales, viviendas sociales e infraestructura pública a lo largo y ancho de
nuestra geografía. En una senda parecida de justicia distributiva, el gobierno
del Presidente Gabriel Boric logró promulgar la Ley de Royalty Minero, una
herramienta descentralizadora gracias a la cual hoy ingresar recursos frescos
directamente a las arcas de la totalidad de las municipalidades del país y a
los gobiernos regionales, permitiendo mitigar en parte las brechas
territoriales.
Sin embargo, este año estamos en un escenario de involución política
promovida por el gobierno del Presidente
José Antonio Kast, cuyo relato económico de corte ultra-liberal se empeña en
minar la legitimidad, el prestigio y la autonomía de nuestras empresas
estatales. Las agresivas críticas emanadas desde el Ministerio de Minería, que
no ha dudado en tildar a la cuprífera estatal de estar "fuera de
control" tras lógicos ajustes técnicos de producción, sumadas al
descabezamiento de su directiva histórica y a la abierta imposición de visiones
privatizadoras, no son hechos aislados. Responde a una estrategia epara
debilitar el rol regulador y productivo del Estado, pavimentando el camino para
devaluar el control público de nuestros recursos soberanos.
Por ello, la defensa de Codelco hoy no es un mero ejercicio de memoria
histórica; es un imperativo de soberanía económica cuando el planeta avanza hacia
una "nueva minería", intensiva en minerales críticos como el litio y
las denominadas tierras raras. En este nuevo mapa geopolítico, el desafío ya no
está confinado solo a las desérticas y lejanas latitudes del norte grande, sino
que toca directamente las puertas de nuestra zona centro-sur y, de manera muy
particular, de la Región de Ñuble.
La reciente aprobación ambiental de proyectos de tierras raras en la
vecina Región del Biobío y el avance silencioso de prospecciones mineras en el
secano de nuestra región deben encender las alarmas de toda la comunidad. No
podemos permitir que, bajo la loable promesa de la descarbonización del
planeta, las corporaciones repliquen el viejo modelo extractivista colonial que
tanta postergación le ha causado a Chile: aquel donde las transnacionales
extraen el recurso bruto, destruyen los ecosistemas locales, precarizan los
territorios y exportan el valor acumulado, dejando en las regiones solo pasivos
ambientales y empleos temporales de baja calificación.
Cobquecura, con su tremendo valor patrimonial, su rica biodiversidad
marina y su vocación histórica ligada a la agricultura familiar campesina y al
turismo sustentable, no puede convertirse en la nueva zona de sacrificio de un
extractivismo ciego, respaldado por el dogma de la libre iniciativa a ultranza
del actual ejecutivo nacional.
Al revisar las bases de datos oficiales de Sernageomin, la realidad de
este desembarco minero en Ñuble es categórica: ya existen 66 concesiones
mineras vigentes de tierras raras (arcillas de adsorción iónica) que golpean
directamente al corazón de nuestro secano, acumulando 10.800 hectáreas en
Cobquecura, 6.700 en Coelemu y 2.100 en Quillón. A esto se suma una agresiva
ofensiva de exploraciones durante el primer semestre de este 2026, la cual
avanza peligrosamente tras el Cerro Coiquén, abarcando comunas como Ninhue y
Quirihue, y expandiéndose hacia zonas de altísima sensibilidad ambiental y
paisajística colindantes a Buchupureo.
El sofisticado discurso corporativo de la "minería verde" y
los "minerales para el futuro" oculta una soberanía de fachada.
Detrás de sociedades nacionales como NeoRe SpA, opera un entramado financiero
internacional que traspasa derechos de opción de compra a la canadiense Chilean
Cobalt Corp., y donde el gigante multinacional suizo Glencore ya toma
posiciones estratégicas. Es la misma historia de siempre: las transnacionales
se apropian de la riqueza, las decisiones estratégicas se toman en directorios
extranjeros y a los territorios locales nos imponen los pasivos ambientales, la
fragmentación de los ecosistemas, la amenaza inminente sobre las cuencas
hidrográficas y napas subterráneas, a cambio de migajas económicas.
En el caso específico de Cobquecura, el registro de patentes mineras
arroja el pago de apenas 18 millones de pesos por patentes de exploración de
pertenencias. Esto representa la definición exacta de "pan para hoy y
hambre para mañana". Es un ingreso municipal marginal que no compensa el
riesgo de alteración la identidad turística y agroecológica de la Provincia del
Itata.
A 55 años de la histórica nacionalización del cobre, la lección que nos
heredó el Presidente Salvador Allende sigue estando plenamente vigente y con
más fuerza que nunca: los recursos estratégicos de Chile, sean el cobre, el
litio o las arcillas con tierras raras de nuestro subsuelo, deben pertenecer
genuinamente a la nación y ser gestionados bajo un férreo control soberano. Su
explotación debe agregar valor en el territorio, reinvertir sus ganancias en
las regiones y, por sobre todas las cosas, subordinarse rigurosamente al
cuidado ambiental y la autodeterminación de las comunidades que los albergan.
Es el momento de defender con convicción a Codelco, de proteger el patrimonio
natural de Ñuble y de asegurar que la riqueza de nuestra tierra sea para
nuestra gente y no para engordar el capital transnacional que se marcha al
extranjero. El secano de Ñuble no se toca; la dignidad de nuestro territorio se
defiende.


Comentarios
Publicar un comentario
El Itihue Es Miembro De La Red De Medios De Los Pueblos de Chile, además integra La Coordinadora de Medios Populares de Ñuble. Su Director Es Samuel Muñoz Orellana Contacto Fono - WhatsApp +56 9 6319 1710. Mail diarioelitihue@gmail.com. Hola. Necesitamos de tu apoyo económico para seguir con este medio de comunicación, lo puedes realizar a la cuenta Rut 13.618.014-2 BancoEstado/ Chile En la Región de Ñuble, Necesitamos romper el Cerco Informativo Haz un Clip en la Publicidad. Gracias